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miércoles, 28 de marzo de 2012

ROGER WATERS - THE WALL LIVE, 7 y 15 de marzo en Estadio River Plate

Inolvidable experiencia, tal como era dable suponer, ha sido la de asistir a esta mega ópera rock "THE WALL LIVE", sin dudas un antes y un después en cuanto a lo que atañe a grandes conciertos de estadios.
A raíz de que en la anterior presentación del legendario músico inglés en Buenos Aires, en el año 2007, para presentar su espectáculo basado en "The Dark Side of the Moon", nos habíamos quedado con las ganas de asistir ambas noches, en esta ocasión no lo dudamos: siendo nada menos que nueve los shows que el ex PINK FLOYD iba a brindar en el Estadio River Plate, decidimos que íbamos a hacernos presentes al menos dos noches.

De tal modo, pudimos apreciar el mismo espectáculo en la primera noche (miércoles 7 de marzo) y en la sexta (jueves 15). Básicamente no hubo diferencias entre ambos conciertos, por lo cual procederemos a relatarles nuestras impresiones tomando ambos recitales como un todo.

Toda clase de público encontramos en las adyacencias del Estadio Monumental, y por supuesto, dentro de él. Desde sexagenarios hasta jovencitos en su pre adolescencia, nadie quiso quedar afuera de este espectáculo mágico que paralizó al país durante varios días. Un público tranquilísimo, respetuoso y -a nuestro entender- bastante frío y distante. Quizás la grandilocuencia del espectáculo mismo los haya llevado a comportarse de tal forma. El número: unos 45.000 por noche, 8.000 de los cuales formaban parte del "campo VIP", donde nadie veía el show parado, sino instalados en sillas de plástico.

Como todos han de saber, esta ópera rock ambiciosísima se centra en el álbum "The Wall", doble, editado por PINK FLOYD en el año 1979, el cual lleva más de 30.000.000 de copias vendidas a lo ancho de todo el orbe. Las canciones que forman parte del espectáculo se interpretan en el mismo orden que en la placa, al igual que en la película homónima dirigida por Alan Parker, la cual aporta gran parte de las imágenes que vemos desfilar sobre el muro a lo largo de las casi dos horas y media de show.

Párrafo aparte merece, sin dudas, el referido muro, que ocupa todo el ancho del campo de juego y sigue más allá, fusionándose con las plateas del estadio. El alto del mismo supera los veinte metros y oficia a su vez de pantalla gigante, dado que sobre él desfilan las dramáticas imágenes que decoran la obra. El muro se va completando con la banda en escena, a medida que avanza la primera mitad del espectáculo. Durante ese lapso se interpretan "In the Flesh" (con el increíble momento en el cual el avión de la segunda guerra mundial recorre todo el largo del estadio por sobre las cabezas de los espectadores, hasta estrellarse contra la pared... memorable!!), "The Thin Ice", "Another Brick in the Wall part I" (primera gran ovación de la noche), "The Happiest Days of our Lives", "Another Brick in the Wall part II" (por supuesto, el máximo hit del disco; personalmente esperábamos una mayor reacción de la gente en este pasaje...), "Mother" (muy aplaudida), "Goodbye Blue Sky", "Empty Spaces", "What Shall we do now?" (uno de los dos temas no pertenecientes al disco), "Young Lust" (uno de los highlights de la obra, y a su vez una de las pocas composiciones de David Gilmour en el álbum), "One of my Turns", "Don't Leave me now", "Another Brick in the Wall part III", "The Last Few Bricks" (la otra canción que no está en la grabación original) y "Goodbye Cruel World", con la cual la pared se completa totalmente, dando lugar a un intérvalo de unos veinte minutos. Durante este lapso quedan proyectadas sobre la pared cientos de fotografías de víctimas de la guerra, terrorismo de estado, etc..

Al retomar la segunda parte de la obra, el arranque se produce con toda la banda (incluído WATERS) tocando detrás del paredón "Hey You"; a la cual van siguiendo "Is There Anybody out There?", "Nobody Home", "Vera", la conmovedora hasta las lágrimas "Bring the Boys Back Home", la histórica "Comfortably Numb" (otro de los títulos más esperados de la noche, con el vocalista Robbie Wycoff y el guitarrista Dave Kilminster haciendo lo posible para recrear la voz y la guitarra de David Gilmour, incluído aquél legendario solo...), "The Show Must go on", "In the Flesh", la hitera "Run Like Hell" (otro de los mérito de Gilmour en "The Wall"), la poderosa "Waiting for the Worms", "Stop", la funambulesca "The Trial" (alguien describió correctamente sus imágenes como una especie de Disney de pesadilla...) y el cierre final con "Outside the Wall", ya con la parte dentral de la pared derribada, y con los doce músicos en escena delante de los escombros... La obra más monumental de la historia del rock había concluído.

Describir la brillantez del sonido 8.1 es ahondar en detalles, aunque no está de más aclarar que los efectos de sonido te perforan el cerebro y el estómago de un modo nunca antes escuchado. La nitidez de las proyecciones alcanza el 100%, y esas imágenes son las que suman emoción a las de por sí muy climáticas composiciones. Desde nuestra humilde opinión, lo que diferencia a "THE WALL LIVE" de los espectáculos brindados en grandes estadios por otras bandas con altísimo poder de convocatoria (Madonna, U2, Rolling Stones) es la visceral emoción que transmiten las históricas canciones incluídas en el álbum. ROGER WATERS ha compuesto uno de los mejores discos de la historia, y esta imponente ópera rock es la lógica consecuencia de ello.

Comentario, fotos y videos: Javier Parente, para OXIDO.-       

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