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lunes, 25 de octubre de 2010

DEATH ANGEL en The Roxy Live Bar, 21/10/2010



La vida te da sorpresas. Una de las bandas que jamás pensé que fuera a ver alguna vez en mi cochina existencia, DEATH ANGEL, tocaba en Buenos Aires, y no era una oportunidad para dejarla pasar. Los legendarios thrashers de la Bay Area de San Francisco pisaban por primera vez el suelo argentino, y lo hacían bajo el marco del “Sonic Retribution Tour”, gira de presentación de su nuevo disco, una de las más violentas gemas de Speed Metal que vio parir el 2010.
Contextualmente no era el mejor momento para venir a visitarnos: ese jueves 21 de octubre la ciudad de Buenos Aires era un caldero de quilombos varios: piquetes, marchas, el servicio ferroviario paralizado y un caos generalizado; la sopa del diablo hirviendo y a punto de servirse. Para colmo las recientes visitas de monstruos de la talla de Rush, más megafestivales varios, fueron minando el cada vez más escuálido bolsillo del rockero argentino.

Hay que decir que las expectativas eran pocas. DEATH ANGEL es de esas agrupaciones de culto, de las cuales sólo unos pocos iluminados conocen en su totalidad la obra del grupo y su trayectoria. Pero quizás cualquier fan del Thrash Metal sepa que el primer demo de la banda tuvo a Kirk Hammet como productor, que "The Ultra Violence", "Frolic Through the Park" y "Act III" son considerados como grandes e innovadores discos de Thrash, y que el grupo tuvo la posibilidad de jugarle de igual a igual a titanes del género como Exodus, Testament o, ¿por qué no? a los mismísimos Megadeth. Lamentablemente un accidente en su colectivo de gira en 1990 los hizo replantearse varias cosas, su cantante dejó el grupo y la banda se disolvió. Los miembros restantes formaron The Organization, y hasta sacaron dos discos bajo ese nombre, pero todo terminó en 1995. Nada se supo de DEATH ANGEL hasta el año 2001, en que se reunieron para una causa noble: el festival para recaudar fondos para Chuck Billy de Testament, que había sido diagnosticado de cáncer. A partir de allí se reavivó el fuego y decidieron volver a ensayar y a componer. El resultado fue "The Art of Dying", un álbum donde se los vio más maduros compositivamente y con más fuerza que nunca. A partir de ese momento el sonido de DEATH ANGEL se vio reflejado en otros dos registros, "Killing Season" (de 2008) y su nueva placa "Relentless Retribution", CD que por primera vez les daba la oportunidad de tocar en Sudamérica.

Los invitados a la fiesta fueron Furia Genética, Coalission, Vorágine y Spiritual, pero solo pudimos apreciar el set completo de Furia Genética, gente que ya tiene varios conciertos a sus espaldas y un número creciente de seguidores. Su sonido se emparenta a la etapa de Judas Priest con Ripper Owens (o por lo menos yo lo noté así) y el grupo sonó fuerte, ajustado y contundente. Son para destacar las cualidades vocales de Marcos Pérez, cuyos agudos hicieron temblar las paredes del Roxy. Así, la banda repasó material de su CD "La Hora Final" y adelantó temas de su próximo trabajo, "La Madre de Todas las Muertes", ante un público que lentamente iba llenando el reducto e iba calentando los motores para el plato fuerte.

Cerca de las 22 horas se descorre (¡por fin!) el telón, y allí ya estaban acomodados los héroes de la noche, DEATH ANGEL, ante la ovación generalizada. "I Chose the Sky", del nuevo disco, fue el tema que eligieron para abrir. Solo hay una palabra para describir el golpe sonoro que sufrimos: DEMOLEDOR. La banda encendida al 100%, con un sonido claro y potente, comenzaba a desatar la furia thrasher sobre las trescientas y pico de almas que estabamos allí. A partir de ese momento fue una seguidilla de clásicos: "Evil Priest", "Buried Alive", "Voraciuos Souls"...

Repasaron todos los momentos de su existencia, para centrarse nuevamente en "Relentless Retribution" y descargar pegaditos dos temazos de ese álbum: "Relentless Revolution" y "Claws in So Deep" (lamentablemente sin su pasaje acústico/flamenco final, que hubiera sido una delicia).

La banda, a pesar de ser ya veterana en la escena, demuestra una polenta y una energía arrolladora. Cabe aclarar que cuando sacaron su disco debut en 1987, todos sus miembros no eran más que unos purretes con acné (su baterista original, Andy Galeon, tenía solo catorce años). Hoy, a veintitrés años de ese momento, siguen siendo una agrupación jóven, pero con miles de kilómetros de ruta, y aún más horas de escenario.

Actualmente Mark Osegueda -su cantante-, y Rob Cavestany -en guitarra-, son los únicos miembros originales que quedan; sin embargo Ted Aguilar -su otra viola-, si bien ingresó en la última etapa del grupo, ya lleva casi diez años con DEATH ANGEL; completan la formación Damien Sisson en el bajo y Will Carrol en la batería.

Se los vio muy cómodos en el escenario, disfrutando genuinamente con la posibilidad de tocar por primera vez en Buenos Aires, y hasta emocionándose con el ritual autóctono del "olee olee olee". La banda transpiró la camiseta como si jugara de local, e hizo un show a puro machaque, velocidad y garra. "Stop", "3rd. Floor" y "Thrown to the Wolves" fueron festejadas y coreadas por la monada con furia y pasión.

Luego de un breve respiro, y a más de una hora de haber comenzado el show, largaron con lo que creí que eran los bises; pero no, los temas seguían y seguían, un mazazo atrás de otro: "Lord of Hate", "Falling Asleep", más canciones del disco nuevo ("Truce" es un derechazo a la mandíbula), y ahora si, para cerrar, clásicos de la primera hora: la autorreferencial "Thrashers", "The Ultra Violence" y "Kill as One", con un pogo rabioso y puños en alto por toda la sala.

Y fue el final para una velada con gusto añejo pero con furia adolescente; saludos, repartos de púas y Ted Aguilar con su cámara de mano registrando el momento, y agradeciendo al público tanta buena onda.
Se acababa el jueves y la apacible noche palermitana invitaba a caminar bajo un baño de luna, la noche era fresca y apacible. De vuelta en casa, degustando las emociones vividas, me di cuenta que mis pocas expectativas se tradujeron en ferviente emoción ante tanto talento y entrega. Experimenté una metamorfosis durante el recital de DEATH ANGEL: entré como un simple cronista, pero salí del lugar siendo fan... esos milagros que sólo un buen concierto de Metal puede lograr.

Muchas gracias a Lucía Chiarenza y toda la gente de la productora 4G.

Comentó: Alien, para OXIDO.-
Foto: Alien.-

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